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Liderazgo
Nubes de Covadonga

¿Deslealtad o falta de autocrítica? El tabú de las salidas poco decorosas

Hace unas semanas, Cayetana Álvarez de Toledo dejó su puesto como portavoz del Partido Popular en una rueda de prensa de lo más entretenida. Poco tiempo pasó hasta que llegó otra bomba informativa: la estrella del FC Barcelona, Lionel Messi, comunicaba su deseo de dejar el club, ¡y nada menos que por burofax! 

Poco parecen tener en común ambos hechos. Pero la realidad es que, aunque parezca imposible, tanto Cayetana como Messi tienen algo en común, y es el hecho de dejar sus puestos de formas consideradas poco decorosas. Como empleados, decidieron salir por la puerta grande, sin importarles levantar ampollas con tal de dejar clara su postura. Fue entonces cuando se abrió un melón de lo más interesante: ¿Cómo debe un empleado abandonar una compañía? 

Deslealtad o carencia de liderazgo

Buceando en Linkedin, me encontré con distintas opiniones al respecto. Pero hubo dos publicaciones que llamaron especialmente mi atención. La primera, más que en la salida de Cayetana, se centraba en su falta de respeto a la jerarquía. Un gesto que rompía con la norma nº 1, según su autora: “no pisar” a quien está por encima, por buenas que creas tus ideas. 

Puede que fuera porque el enfoque de este post choca de lleno con mi concepto de liderazgo y gestión de personas, pero frases como “no hagas sombra al jefe” o “hazle creer al jefe que las grandes ideas salen de sí mismo, como si nunca las hubiera oído de tu boca” me resultaron casi escandalosas. ¿De qué tipo de liderazgo estamos hablando? ¿De uno arcaico, sujeto al miedo a que otros destaquen? ¿Ese es el liderazgo que debemos defender? 

Ya deberíamos tener superada esa página. Estamos en otro momento, en el de un liderazgo basado en el impulso de otros y no de uno mismo. Uno que potencia el talento del equipo, que aplaude y reconoce las ideas de todos. Que da voz y visibilidad a aquellos que están a su cargo, sin miedo a sombras ni fantasmas.

Lo decía claramente Diane Tucci en el último “De afterwork con”, cuando hablaba de la necesidad de romper ese “respeto a la jerarquía” que tenemos en España:

“Un líder tiene que ayudar a su gente a crecer. Mandar a la gente es lo más fácil del mundo: tú haces esto, tú haces aquello… Pero no ayudaría a nadie…”

La mala costumbre del «silencio absoluto»

La segunda opinión se trata de un artículo que me gustó por su visión, más allá de víctimas y verdugos. Y es que así deberíamos afrontar una salida, “no hablando de culpables, sino de formas de hacer las cosas”. La idea detrás de este texto es el autoanálisis. De atrevernos como compañía a meditar sobre qué hace que un empleado estrella se vaya tras 17 años sin mediar palabra. 

Lo primero que muchos han dicho de Messi es que es un “desagradecido” o un “vendido”, algo recurrente cuando fichajes clave se marchan. Otros no se cansan de decir que “de todas partes hay que salir con elegancia”, sin darse cuenta que por elegancia realmente se quiere decir “discreción”. Porque por desgracia, en el mercado laboral sigue estando mal visto airear los trapos sucios fuera de casa…

Y digo “por desgracia” porque creo que es un error gravísimo. Estamos acostumbrados a que las salidas laborales sigan siendo un tabú. Ya sea porque una persona se va a un reto mejor para su carrera (“¡Qué desconsiderado por su parte, con todo lo que esta empresa le ha dado!”); o porque la relación ha acabado en ruptura dramática, debemos cuidarnos siempre de mantener silencio absoluto. Es como una regla no escrita en el «manual del buen trabajador»: no soltar una mala palabra para que nadie se percate de ese hastío causado por una mala gestión.

¿Por qué no debemos hablar de nuestra experiencia, sea buena o mala? Vivimos en un mundo donde no nos sentamos en un restaurante sin haber chequeado varias veces las valoraciones de los usuarios. Incluso las empresas, antes de contratar un profesional, buscan referencias del candidato en cuestión. ¿No deberíamos potenciar entonces ese intercambio de impresiones sobre nuestra experiencia laboral? ¿Por qué tiene que haber represalias ante malos comentarios hechos públicos? Es un hecho que a día de hoy me sigue sorprendiendo…

 

Quizá la clave resida en nuestra condición humana. Nuestro afán por llevarnos todo al terreno personal. Eso nos quita perspectiva de lo que es realmente un trabajo: una transacción laboral. Un acuerdo donde ambas partes -sí, ambas- deben sentir que sacan provecho. Y cuando ese acuerdo se rompe, no deberíamos buscar culpables. Términos como “traición”, “deslealtad” o “desconsideración” están fuera de lugar, porque llevan al terreno personal algo que simplemente es un cambio de dirección. En su lugar, analicemos la situación con ojos limpios. Solo así conseguiremos mejorar como compañía y como líderes.

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