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Millennials y Generación Z
Muralla China

Por qué seguimos hablando de los Millennials cuando deberíamos pensar en los iGen

Hablar de Millennials a algunos directivos es como decirle a un niño pequeño “que viene el coco”: Esos seres arrogantes, egoístas e inconformistas, que han venido a dinamitar las empresas tal y como las conocemos. Como si de una bomba de relojería se tratara, que las empresas no saben cómo manejar.

Lo vemos cada día en los medios de comunicación. No dejan de surgir estudios sobre la conducta de estos personajes incomprensibles, que tienen a las empresas dando tumbos de un lado para otro, intentando dar respuesta a sus erráticas demandas.

Sin embargo, tenemos al enemigo más cerca de lo que pensamos. Porque señoras y señores, ¡los millennials ya estamos aquí! Llevamos camuflados entre vosotros más de 10 años, trabajando codo con codo a vuestro lado y todavía no nos hemos comido a nadie (de momento). Lo curioso es que hasta nosotros mismos negamos nuestra existencia, hablando de “los millennials” en tercera persona, como si fueran seres mitológicos que nadie ha visto jamás y que nadie comprende. Será cosa de la presión social…

Ajustando el foco a las nuevas generaciones

Todo este recelo no hace más que distraernos de la realidad. Las empresas siguen luchando por adaptarse a los “millennials”, sin darse cuenta de que su obsesión por una generación que ya está en primera línea no les deja ver lo que está realmente por venir. Porque seamos realistas, el reto aquí no es satisfacernos a nosotros – para eso, ya vamos tarde -, sino comprender y adaptarnos a las demandas de los auténticos desconocidos: las siguientes generaciones.

Más conocidas como Generación Z (o iGen), Generación Alfa, y sucesivas… Ellos son los verdaderos “candidatos del futuro”. Los profesionales que el día de mañana entrarán a nuestras empresas y decidirán lo que quieren hacer con ellas. Es para ellos para los que ya deberíamos estar preparándonos, y ni siquiera les estamos viendo venir.

El estigma del «recelo generacional»

Pero si queréis saber mi opinión, el problema es aún más completo que simple falta de visión. No es solo que no nos fijemos en ellos, sino que directamente prejuzgamos su comportamiento. Debemos superar ese estigma generacional, y eso supone dar un paso de gigante que ninguna generación ha sabido hacer todavía: Ser capaces de “quitarnos la venda de los ojos” e intentar entenderlos por lo que realmente son y no por cómo creemos que serán.

Un estigma que se repite incansable. Porque siempre pensamos que la siguiente generación no será lo suficientemente buena y no estará a la altura de las circunstancias. Porque los jóvenes del mañana siempre serán unos “irreverentes, unos arrogantes y vienen aquí con sus ideas locas a cambiar las cosas que nosotros hemos construido”. Así no entenderemos nada. Así, solo conseguiremos que este estigma del recelo se perpetúe generación, tras generación, tras generación…

Hagamos el esfuerzo de ver más allá. De ponernos en sus zapatos y ver el mundo como ellos lo ven. Solo así podremos intentar predecir sus gustos, sus demandas, sus necesidades… Es la única manera de conseguir ir un paso por delante y preparar a nuestras empresas para captar su atención. Aquellas que lo consigan serán la que se realmente se hagan con el Talento del mañana.

Y ojo, que digo “intentar predecir” sabiendo que quizá ni siquiera así estemos preparados. Porque todos sabemos que “la noche es oscura y alberga horrores”, pero si no intentamos descubrirlo ahora, mañana será tarde. Aquí desde luego intentaremos vislumbrar algo de todo esto, pero solo el tiempo dirá si estamos en lo cierto (o completamente equivocados).

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